jueves, 28 de septiembre de 2017

Carta de un tutor a sus alumnos: Madurez, Entusiasmo y Responsabilidad.

Septiembre de 2017

Ayer, último día de las vacaciones de verano, querido alumno, me acordé de ti. Ordenando trastos viejos, me encontré un libro que, después de tantos años, ya amarilleaba y estaba desencuadernado. Era el último que me leí en el verano de Quinto a Sexto de Primaria.



Por lo visto es verdad que existen recuerdos que nunca se olvidan. Y eso es lo que, de repente, me sucedió ayer tarde cuando comencé a hojear sus páginas y ver sus ilustraciones:


Me recordé de niño, a los 11 años, leyendo aquel libro, de noche, casi a escondidas de mis padres. Al día siguiente comenzaba -sin ganas- el nuevo curso. Hacía rato que la luz debía estar apagada. Yo no solía ser un niño desobediente. Pero aquel libro me lo "tenía" que terminar esa misma noche. Su relato me había atrapado. Como a ti ahora te sucede con los videojuegos. De hecho, no me dormí hasta que lo acabé. Nadie me riñó.



Era injusto que hubiese descubierto a Julio Verne precisamente al término de las vacaciones de verano y que además fuera el día antes de la vuelta al colegio cuando me hubiera tropezado con la fascinante aventura de Phileas Fogg.



Mr Fogg era un personaje pintoresco. Me gustaba. Sólo alguien como él podría haber protagonizado con éxito aquella formidable hazaña:



En el otoño de 1872, dar la vuelta al mundo en ochenta días ¡sin otro transporte más moderno que el tren y el barco de vapor! era una hazaña apta sólo para héroes.



Mr Fogg era el típico inglés. De carácter frío y calculador, ningún contratiempo lograba perturbar su impasibilidad. Nunca gritaba ni se enfadaba.



Gracias a sus nervios de acero, Mr Fogg mantuvo la cabeza fría en los peores momentos de su aventura, lo cual le permitió, cuando todo parecía irremediablemente perdido, dar siempre con una solución atinada y proseguir feliz con su viaje.



Sin embargo, tanta frialdad -aparentemente, Mr Fogg tenía corazón sólo para ser un buen héroe pero no un buen amante- no era la mejor cualidad para conducir con las maneras debidas su relación con Mrs Auda, esa bella princesa india que tan inesperadamente irrumpió en su aventura y se les sumó al viaje a él y a su criado.



Para Mr Fogg más importante que la fortuna que se jugaba en su apuesta de dar la vuelta al Mundo en ochenta días, acabó siendo su relación con Mrs Auda, en la cual él mismo era su principal obstáculo. En la vida aprender a no ser uno su propio impedimento para lograr lo que más quiere, es fundamental.



Querido alumno, a principio de curso tú empiezas un viaje de diez meses que acabarás el 22 de junio. No se trata de dar la vuelta al Mundo en lo que dura un curso. Entre otras razones porque hoy, en dar la vuelta al Mundo, viajando en avión, apenas tardarías unos pocos, muy pocos, días.



Tu reto no es una cuestión geográfica. Más bien se trata, sin que te muevas de tu pupitre, de que viajes a ese “país” llamado Éxito, el cual, para ti, tiene sus propias coordenadas, porque el Éxito -apréndelo bien- no siempre consiste exactamente en lo mismo para todos.

Según quién seas, el Éxito tiene sus específicos contenidos y matices. Empéñate en ser la mejor versión de ti mismo, y no en parecerte a éste o a aquél... Para que alcances ese Éxito que en su revés tiene escrito tu nombre propio, permíteme un consejo:

No seas tu peor obstáculo a la hora de intentarlo. La mayoría de las veces, el principal impedimento para llegar a tu propio y personal Éxito, hablando de lo escolar, no es una asignatura ni un profesor ni... sino tú mismo.



Mr Fogg era poco comunicativo y emocionalmente bastante gris; torpón para expresar el cariño... Que se lo pregunten a Mrs Auda, que no sabía cómo hacerle notar que estaba enamorada de él. En cambio, su criado era pura espontaneidad y transparencia.


Sí, eso es. Mr Fogg fue su peor obstáculo para hacerle saber a Mrs Auda que se había enamorado de ella.



Al borde la adolescencia en que te encuentras, seguramente tengas un “punto crítico” de maduración personal. Es decir, un rasgo de tu personalidad en el que tengas que seguir trabajando -estratégicamente- porque es probable que debilitará tu fortaleza académica. El que viste el uniforme escolar no es un muñeco, sino una persona. De modo que, a más persona, más alumno.

De esto hemos hablado a menudo en tutorías. Y a las alturas de Sexto de Primaria tú sabes bien qué tienes que hacer para madurar donde más lo necesitas. Por ejemplo:

Sabes si te falta personalidad y por tanto si te dejas llevar fácilmente de la opinión y del ejemplo de otros compañeros, haciendo incluso lo que no debes para caerles bien y no sentirte excluído.



Sabes si eres inteligente pero poco dispuesto al esfuerzo. En tal caso, has ido comprobando que, según suben los cursos, tus notas medias bajan. No te mostraste dispuesto a salir de tu zona de confort.



Sabes si eres inseguro y si estás falto de confianza en ti mismo para atreverte a afrontar nuevos retos. Es posible que el temor al fracaso te haga dudar y en ocasiones incluso te paralice.


Sabes si eres demasiado impulsivo y si te falta autocontrol y si por tanto reaccionas con enfados exagerados de los que luego te arrepientes por lo que dijiste e hiciste. Quizás empieces a notar que el perdón de los compañeros cada vez más te exige tu propósito de cambio.



Sabes si eres tímido y si esto te frena a entablar nuevas relaciones con compañeros a los que, en el fondo, te apetece conocer porque empiezas estar harto o cansado de juntarte siempre, y solo, con los mismos, así año tras año.



Sabes si te falta seriedad y si todavía eres de los que confunden los momentos de juego y de distracción con los de trabajo y responsabilidad.



Sabes si eres de los que siguen mintiendo con tal de no asumir las consecuencias de lo que haces o dejas de hacer, si eres de los que echan la culpa de su irresponsabilidad y cobardía a otros.



Sabes si eres perfeccionista, excesivamente exigente contigo y si por tanto te suele costar trabajo perdonarte los errores y  no ser el mejor.



Sabes si eres celoso y si te cuesta compartir los amigos y si eso provoca que entre tus compañeros haya riñas, divisiones, peleas… por todo y por nada.

***

Querido alumno, para aprender, hacen faltan algunos requisitos. Entre ellos, que tengas la madurez suficiente. De lo contrario, el problema no serán las Matemáticas ni la Comprensión Lectora…. Sino tú mismo:


tu propia flojera y falta de atención, tus propios enredos sociales y viscerales enfados, tu falta de seguridad personal y de responsabilidad y seriedad, tu fascinación por otros cuyas influencias no te hacen bien y tu confusión para ser quién sí eres y deber ser…

Estar absorbido por cualquiera de estas reincidentes “matracas” te robará tiempo, te dificultará centrarte en aprender y en conseguir que te guste aprender.


Esas “matracas”, como yo las llamo, se te convertirán, si no las resuelves más pronto que tarde, en sombras de las que, de adolescente, te costará escapar.


Este curso será académicamente fuerte… Como todos, ¿no? Les he pedido a tus profesores que te enseñen a vibrar de entusiasmo con sus asignaturas y también que sean exigentes contigo, que te hagan trabajar con arreglo a tu capacidad. Entusiasmo y esfuerzo. Fascinación y responsabilidadEn el horizonte, como retos académicamente concretos,


el gusto por aprender, la comprensión lectora, el razonamiento matemático, la expresión escrita, el multilingüismo, los exámenes externos, el aprovechamiento del tiempo de estudio (de esto hablaremos largamente durante el largo curso)… y la inmediatez de la Secundaria.

Por una apuesta de honor Mr Fogg se aventuró a realizar una empresa que la prudencia hubiera desaconsejado. 

Lo tuyo en este curso final de Primaria no es cuestión de honor sino de tu porvenir, de tu futuro, el cual empieza este año otra vez igual que ya empezara el año pasado y el antepasado...

Y la prudencia en tu caso lo que aconseja es que pierdas la prudencia e imprudentemente se entregues sin reservas ni regateos a hacer lo que tienes que ser: la mejor versión posible de ti mismo. Ni vale ser mediocre ni desistir.

Un año más, tu tutor.

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